Un oficio que creció cerca del fuego
Su abuelo y su padre eran herreros. Heber recuerda la fragua como algo cotidiano en su casa; de ahí nació su interés por la cuchillería. Comenzó haciendo cuchillos como pasatiempo, para regalar, sin ponerles una marca.
Hace más de treinta años que hace cuchillos y, según cuenta, hace más de quince que vive exclusivamente de la cuchillería. El trabajo cambió de escala, pero conserva un criterio personal: cada cuchillo terminado tiene que gustarle primero a él.
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